domingo, 23 de julio de 2017

Libros y alpargatas: sobre el Evita de Copi

Julio 26: Evita, Copi y la ortodoxia peronista recargada


Bloque "Libros y Alpargatas” en La luna con gatillo


Por Mariano Pacheco


Año 2017, mes de julio. El Teatro Nacional Cervantes estrena dos obras de Copi. Una de ellas es la ya hace tres décadas polémica “Eva Perón”, en esta oportunidad dirigida por Marcial Di Fonzo Bo y protagonizada por el chileno Benjamín Vicuña.

Tras los anuncios, la Juventud Sindical Nacional de la Confederación General del Trabajo (CGT), que conduce Juan Pablo Brey (también secretario de Juventud y Protección de la Niñez de la central obrera), repudió la obra argumentando que la pieza teatral exhibe “una imagen irreal” de Evita y representa “una deshonra a su vivo recuerdo”. Para Brey, la puesta en escena se parece más a lo descripto por quienes en su momento alzaron la consigna “Viva el cáncer” (ante la enfermedad de Eva) que a lo que representó esa mujer para los más humildes.

En 1969, al publicar Eva Perón, Copi hace ingresar por primera vez en la literatura argentina a una Evita viva y con su propia voz. Lo hace de un modo extraño, puesto que la obra es escrita en francés, y en su estreno en París, el 2 de marzo de 1970, es protagonizada por un hombre. No en vano la obra de Copi –como se hizo llamar, tomando el apodo de su padre, el historietista, dramaturgo y escritor argentino Raúl Damonte Botana– sufrió un atentado en el Teatro L`Epée-de-Bois.
No quisiera, de todos modos, hacer un recorrido exhaustivo de esta obra en la cual Evita –en una línea casi borgeana de interpretación del peronismo– aparece como simulacro: no es mujer sino hombre (o más bien un travesti); no tiene cáncer sino que aparenta la enfermedad; no le importan sus descamisados sino sus camisas, joyas y vestidos; y finalmente, no muere sino que mata a su enfermera, colocando el cadáver en su lugar y dándose a la fuga.
Me interesa de Copi, sí, que abra la puerta para que una Evita con vida y voz propia ingrese en la literatura. Porque por primera vez aparece una pieza que ya no se titula con evasivas, como en Juan Carlos Onetti (“Ella”), David Viñas (“La señora muerta”) o Rodolfo Walsh (“Esa mujer”), sino que lleva su nombre y apellido. Y posee, además, ese componente subversivo de presentar a Evita como un travesti.
En su libro dedicado a Copi, César Aira destaca que, en realidad, no hay nada que indique en la obra que el personaje es un travesti, más allá de ser interpretado por un hombre. Pero que, de todos modos, “su travestismo se sostiene en el sistema mismo: si no es la Santa de los humildes, la Abanderada de los trabajadores (y esta Evita harto demuestra no serlo), tampoco necesita ser una mujer. La representación de la mujer es una mentira”.
Tengamos en cuenta que la del sesenta es la década en que aparecen las primeras cirugías para realizar cambios de sexo. Hace pocos años que el concepto de travestismo ha ingresado en la literatura y el psicoanálisis, y todavía pesa en cierto sentido común instalado en la sociedad la interpretación vigente en el campo de las ciencias médicas de comienzos del siglo que planteaba básicamente que el travestismo, la transexualidad y la homosexualidad eran prácticas anómalas que se desviaban del modelo normal de conductas.
Es decir, que eran –tal como plantea la antropóloga argentina Josefina Fernández en su libro Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad de género – prácticas caracterizadas como enfermedades, “aberraciones sexuales” que era necesario tratar para corregir, conocer para curar.
De todos modos, tal como remarcó Marilú Marini, Copi no entraba en la “ideología gay”, ya que rechazaba los ámbitos que “guetificaban” (lo que no significa que no validara protestas o condenara injusticias). Algo similar a lo que sucede con la “condición gay” pasa con la “cuestión nacional”. Alguna vez Copi rescató la importancia de la educación argentina: “Nunca pensé en una sola carrera. Forma parte de mi educación, es así, una educación argentina. La educación del norte de América es mucho más especializada; si es ingeniero no sabe hablar de otra cosa que no sea la ingeniería, si es pintor no sabe hablar de otra cosa que no sea de pintura; las personas no saben más que una sola disciplina; se especializan; mi disciplina es un papel en blanco, es mi imaginación”, supo decir en una entrevista con José Tcherkaski, publicada luego en libro bajo el título Habla Copi. Homosexualidad y creación. Pero también, en la misma entrevista, remarcó que trabajaba muy bien, en general, con “argentinos internacionales”. Es que tal vez Copi era de esos autores que tenían “algo” con el ser argentino. O más bien: que concebían al ser argentino como un no ser nacional. Sí, tal como destacó María Moreno en su artículo “La patria torcida”, publicado el 6 de julio de 2012 en Soy (suplemento del diario Página/12), el ser argentino, como el yo freudiano, es “el producto de la repulsa y exclusión de toda diferencia” –bárbaros, mujeres, homosexuales, inmigrantes, disidentes políticos–, si el ser nacional es “no ser puto, ni torta, ni trans, ni inter, ni extranjero, ni pobre, ni loco, ni mujer”, bueno, entonces por qué rescatar el ser nacional.
Si a esa pregunta le sumamos el dato del ferviente antiperonismo de su familia (que se fue de la Argentina cuando Copi era aún un niño, “perseguidos” por el primer gobierno peronista), bueno, entonces tal vez la “Eva Perón” de Copi puede entenderse un poco más.

Alguna vez Walter Benjamin sostuvo que, aquel intelectual crítico que no pudiese posicionarse debía callar. En tiempos de pastiche y mediocridad puede sonar “centrista” no quedarse ni en una posición ni en otra, pero tratándose del peronismo, ¿quien podría cuestionar una tercera posición?
Desde la trinchera radiofónica que cada jueves sostenemos en vivo desde Córdoba (Argentina) para sumar nuestra mirada y nuestra voz al torrente de crítica política de la cultura contemporánea que intentamos sostener desde cada transmisión por internet, no queremos quedarnos ni en una posición ni en otra: ni en el festejo acrítico de un peronismo que hoy se parece más a los mediocres contra los que desprotricaba Evita que al hecho maldito del país burgués que anunció John William Cooke, ni en el frívolo posicionamiento que hace del arte una expresión tan autónoma de la vida social que pareciera ser cosa de otro mundo.
Por el contrario, este “escritor cabeza” quisiera quedarse con una reivindicación del genio artístico de Copi, con la alegría de saber que hoy el teatro argentino vuelve a ponerlo en escena y con la convicción de que en la historia de la literatura argentina es mucho más interesante aquello que “los contreras” han producido sobre el peronismo que lo que el propio movimiento supo producir desde su interior (salvo algunas pocas y honrosas excepciones).
Que el arte provoque a la política y la haga pensar (así sea más allá de su escándalo) siempre es parte de un movimiento que, desde el pensamiento crítico, es importante saludar.





LA LUNA CON GATILLO se emite todos los Jueves de 19 a 20:30 hs por radio Eterogenia, la radio del Centro Cultural España Córdoba.
  


CONDUCCIÓN Y PRODUCCIÓN GENERAL: Mariano Pacheco.
OPERACIÓN TÉCNICA: Andrés Nicotra.
GRÁFICAS y DISEÑO: Diego Abú Arab y Florencia Longo.
REDES SOCIALES, BLOG Y COBERTURAS: Iván Garzón, Marisa Emilia y Germán Simón.

jueves, 20 de julio de 2017

TIC: Santiago Sanpaulo entrevista a Paco Jiménez

Jueves 14 de julio

Teatro Independiente Cordobé

Paco Jiménez en La luna con gatillo


Paco Jiménez, fundador del teatro La Cochera


Participó del grupo «La Chispa» en plena década del 70. Tras su paso por México durante la última dictadura cívico-militar regresó al país en los primeros tramos de la postdictadura y fundó el Teatro La cochera, que desde 1991 funciona en una ex cochera de autos del barrio de Guemes. Hasta 2013 trabó en Buenos Aires, yendo y viniendo desde la ciudad mediterránea a la ciudad-puerto. Desde hace 15 años es profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). En la actualidad unas 70 personas asisten a sus talleres y recientemente estrenó Pintó sodoma (escándalo de un mundo equivocado), que cuenta con 16 personas en escena y puede verse los viernes y sábados a las 22 horas en el teatro La cochera, hasta fin de mes (con entrada libre y a la gorra).




Escuchá la entrevista completa, acá:

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martes, 18 de julio de 2017

Tomás Astelarra: sobre la deuda externa argentina

De locuras financieras y malas costumbres históricas: la deuda externa argentina 

Cómo es el invento financiero que nos legaron los ingeniosos de la economía macrista y de dónde viene esta mala costumbre de endeudar al pueblo argentino.
 Por Tomás Astelarra
  
Después de tanto hablar de la pachamama, el decrecimiento, las nuevas formas de economía popular o autogestiva, vamos a caer un poco a tierra. Bueno en realidad en como vendernos el aire como tierra. Vamos a empezar a hablar un poco del sistema financiero internacional y su historia.
Vamos a arrancar con Argentina, y sin querer competir con al Dorso, hablar de la deuda externa. Aprovechando este nuevo logro argentino, que además de inventar el dulce de leche, la birome y el buzón, ahora inventamos el bono a 100 años, que los expertos lectores del Financial Times calificaron como la locura más grande del mundo en materia financiera. Pero tranqui, que no es historia nueva. Parece que Don Mauricio no inventó nada. Se copió la prueba. Con diferente maestro.
Algunos piensan que las invasiones inglesas fueron rechazadas por las masas populares y las ollas de aceite hirviendo en 1806 o 1807. Pero las verdaderas invasiones inglesas fueron en 1922, pa ser exactos el 19 de agosto, cuando la la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real".
Así don Bernardino Rivadavia, sobre los cadáveres o exilios de Moreno, Belgrano, San Martín y otros héroes de la patria nos legó la famosa deuda externa.
También creo la policía bonaerense o la papeleta de conchabo con la que dio trabajo esclavo a las empresas y mandó a la guerra a todos los gauchos, indios, negros o cualquier hombre libre o sin tierra. Entre otras cosas los mandó a la guerra contra el único país sudakamericano prospero autónomo de los ingleses, Paraguay. ¿Se acuerdan de la triple alianza?
Pero vamos a los números. El dichoso préstamo con la Baring Brothers de Inglaterra fue por 1.000.000 de libras esterlinas para ser utilizado en pos del “desarrollo” del pueblo argentino. Para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Como siempre: facilitar el comercio internacional, matar a los indios, y beneficiar a la clase alta porteña.
La tasa fue de 6% anual, más 1% de amortización más 1% de comisión a la Baring Brothers, que además se llevó 150.000 libras por la diferencia de la cotización, parte de la cual fue para el consorcio argentino que facilitó el préstamo. Además como no se había especificado como llegaba el dinero a Argentina, el dichoso consorcio decidió que la mejor manera era enviando letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. No por casualidad, una de esas casas comerciales era la de Robertson y Costas, dos miembros del consorcio. Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000, en su mayoría en letras de cambio y una parte minoritaria en metálico. Don Bernardino, admirador de las ideas de Jeremy Bentham, autor de “En defensa de la usura” no sólo había inventado la deuda externa. También la cometa. Los fondos buitres ya existían de antes.
La bendita deuda externa de Rivadavia se terminó de pagar en 1947, recién los argentinos empezábamos a saber quien era Perón y faltaba un año para que un joven Franco Macri llegara de Italia. Después de la segunda guerra mundial el nuevo maestro de las finanzas comenzaba a hacerse fuerte. Entre el 1 y el 22 de julio en el complejo hotelero de Bretton Woods, New Hampshire, United States, se creaba el FMI y el Banco Mundial. Poco a poco se iba abandonando el patrón oro para basar el complejo sistema financiero mundial en el bendito dólar, que según estadísticas del narcoespecialista gringo Jonathan Ott hay un 90% de probabilidades que tenga cantidades importantes de cocaína. Pero esa es otra historia. 

Aquí, el audio de la columna emitida el 13 de julio en La luna con gatillo: