lunes, 4 de diciembre de 2017

El teatro en la época de la revolución de la alegría


Una contribución de La luna con gatillo a la edición impresa del periódico Resumen Latinoamericano

 Por Santiago San Paulo

Marcelo Allasino. Director Ejecutivo del I.N.T. (Instituto Nacional del Teatro)
La crisis es el estado del teatro. El teatro, en tanto arte, no conoce otro estado. En tanto objeto estético contracultural, en tanto problematización de los valores sociales, como convención desobediente, como actividad simbólica terrorista, el teatro no tiene escapatoria de esta sazón de peligro frente a las capas del poder. Ataca las subjetividades, construye destruyendo, se interesa por la historia, por el azar, por la alteración, por la conmoción. La crisis es el pantano donde este cocodrilo feo, y raro que es el teatro, sabe respirar. Siempre a punto de desaparecer. ¿A quién le importa si hoy en vez de ir a ensayar me tomo un vuelo a Indonesia? por decir un lugar lejos, con perdón de los aventureros excéntricos. Y así raquítico, perseguido, sucio, nómade, el teatro aún preserva su fuerza criminal, tan incisivo su corte sobre las personas que lo eligen, tan hiriente sobre el cuerpo de los sujetos que lo buscan, teatreros y espectadores todos creadores, protagonistas del teatro. ¿A quién le importa si en vez de ir al teatro voy a comer una pizza? por decir una cosa superficial con perdón de los maestros pizzeros. Desde que el teatro dejó de ser masivo siempre estuvo ajustado y fueron de estas brazas encendidas desde donde sacó sus mejores cartas creativas. En los 60´ y 70´ Córdoba formó grandes filas de resistencia a su eliminación: el Libre Teatro Libre, el grupo Estudio1, La Chispa, el T.I.C., el regreso de la democracia en los 80´ trajo la ola de espectáculos internacionales que abrieron los horizontes imaginativos a artistas locales, el Festival Latinoamericano de Teatro y en los 90´se abrieron la mayor cantidad de espacios para la investigación y el desarrollo de actividades escénicas, salas que inauguraron con escasos recursos económicos y de difícil sostenimiento, muchas que sobreviven hasta hoy. En 1994, por el impulso y la lucha administrativa de presión política por parte de hacedores de todo el país, se creó la Ley del Instituto Nacional del Teatro para estimular la actividad teatral independiente (destinar presupuesto del Estado Nacional para su ejecución autárquica), y fomentarla mediante programas, subsidios, apoyos a grupos y salas aprobados por el Consejo de dirección integrado por representantes del quehacer teatral de todo el país, organizado por regiones. El espíritu de la Ley es federal y su modo de funcionamiento legislado en el cuerpo legal de creación del ente por la toma de decisiones a través de las reuniones de Consejo informadas en actas públicas. Así mismo las políticas de gobierno del I.N.T. varían, se ajustan más o menos al carácter federal de la ley en cuanto a la toma de decisiones, según personas y sus equipos que dirigen la entidad (cambian por normativa cada dos años). Sin duda es para el teatro un espacio institucionalizado digno de cuidar, más no de adular. La regulación de la actividad teatral independiente de todo el país trajo consigo, entre otras dificultades para los hacedores, un dote institucionalizante, situación más que peligrosa para el resguardo de la libertad en el arte del teatro. Muchos artistas quieren pertenecer a las élites que legitima el I.N.T y las producciones se ajustan a los tiempos, necesidades y estéticas requeridas por el ente oficial. Algo similar sucede con los subsidios y premios estímulo otorgados por el gobierno de la provincia de Córdoba y la Municipalidad. Los recientes dichos de Federico Irazábal, director de Festival Internacional de Buenos Aires y representante del Ministerio de Cultura de la Nación frente al I.N.T., con respecto a la producción teatral de interior del país puso el grito en el cielo de artistas que no son de Buenos Aires. Ante la pregunta de un periodista del diario de mayor tiraje en el país para una entrevista impresa a raíz del lanzamiento de una nueva edición del F.I.B.A., el funcionario lanzó: “No hay teatro del interior porque le pedí al jurado que eligiera lo mejor”. El concepto de calidad que arriesgó Irazábal, autopromocionado como intelectual del teatro, puso en duda su gestión frente a colectivos de diferentes provincias que exigieron su renuncia a la representación del Ministerio de Cultura frente al I.N.T. Ministerio que dicho sea de paso ya no es Ministerio. Entre gallos a la publicación de esta nota oímos que el presidente Mauricio Meacri decretó juntar presupuestos con Educación. Los artistas más o menos me imagino, pero me pregunto, por otro lado, ¿y los docentes dónde están? ¿Van al teatro? ¿Quieren que sus estudiantes puedan gozar estéticamente del lenguaje artístico? Mientras no pensemos cuestiones estructurales, políticas, el problema que nos seguirá convocando será momentáneo viendo cómo llevar 50 o 100 espectadores más a cada sala por fin de semana. No se piensa el público en millones y por lo tanto lo mejor siempre es seguir trabajando de manera autogestioanda (como practican tan fluidamente cirqueros y titiriteros), buscando, a veces encontrando, nuevos horizontes. Este año la provincia cierra el Teatro Libertador San Martín para refacciones (que pagará España por un contacto del secretario de cultura de la Municipalidad de Córdoba Francisco Marchiaro, otrora director del Centro cultural España Córdoba). Comienzan las obras para la recuperación del Teatro Municipal Comedia (quemado hace diez años, luego de muchas promesas municipales -2 gestiones de Ramoncito Mestre- lo paga la provincia). Ambos teatros públicos no tienen una política de gestión clara y aunque usted no lo crea nada hay ahí para el campo independiente. El Teatro Real de la provincia, hace más de cinco años inaugura sus temporadas con teatro comercial, casi siempre de Buenos Aires. Deducimos irónicamente: el Estado no nos quiere. Mientras esperamos que reinauguren el Comedia (Municipalidad) y el San Martín (Provincia) para Abril del 2019 con la venida del rey de España al congreso de la lengua. ¿Y si encapuchamos los edificios? ¿Qué van a decir de Córdoba? la provincia donde el macrismo saca el mayor porcentaje de votos que nunca antes había logrado en una elección y donde el mismo gobierno nacional denuncia haber encontrado una célula terrorista para justificar terribles saqueos a espacios culturales ( de instrumentos musicales, materiales para el deasarrollo del arte plástico e intervenciones callejeras, equipos tecnológicos y toda cartelería referida a la desaparición de Santiago Maldonado, mediante allanamientos ordenados por el fiscal Dalma luego de la última marcha contra el gatillo fácil donde muchas organizaciones ligadas al oficio del arte plástico y escénico acompañaron a las familiares de víctimas de gatillo fácil un año más por las calles visibilizando su lucha por la aparición de sus hijos, hermanas y padres asesinados por la policía de Córdoba, el esclarecimiento de las causas, y el abuso de autoridad por parte de las fuerzas de seguridad cordobesas en un marco de total impunidad avalado por el estado policializado de las cosas. En términos simbólicos este estado se traslada al teatro, y también socava, aunque usted no lo crea en el campo escénico independiente donde la competición, la meritocracia, el lobby, el cholulismo socava hondo. Para pertenecer (lograr favores, dinero y condecoraciones) se debe ser un buen sirviente, acusar a quienes puedan oponerse contingentemente como competencia e invisibilizar a quienes se resisten a competir. Al decir de Alberto Ure actor, director y escritor teatral recientemente fallecido y Ricardo Bartís actor y director del Sportivo Teatral del circuito Off de Buenos Aires: “Hay que sacarse la careta, la cancha sigue con niebla” y ponerse a laburar el lenguaje cara a cara o con capucha, pero con careta no. ¡Warning! Wet Floor. Si el criterio de calidad para los representantes del Instituto Nacional del Teatro es el grupo de República Chec(t)a que acaban de traer para hacer girar por Argentina, entonces estemos tranquilos. El Estado no nos quiere, y no está del todo mal para nosotros que así se sea, podemos hacer de las nuestras. Con una pata en la técnica del tacto y el ojo y la otra en el barro para buscar con filósofo contemporáneo Alain Badiou: Un teatro afilado para todos. 
Héctor Grillo Reconocido Actor del Under Cordobés. Nacido en Lanús, Provincia de Buenos Aires, (salió de gira eterna el 28 de Octubre del 2007)

*LA LUNA CON GATILLO: Una crítica política de la cultura
Jueves de 19 a 20.30 horas en vivo por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar), la radio del Centro Cultural España Córdoba.

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viernes, 1 de diciembre de 2017

Terrorismo mediático+terrorismo estatal+terrorismo vecinocrático, la santísima trinidad


Apuntes sobre la cuestión mapuche y el movimiento popular


 

Por Mariano Pacheco (La luna con gatillo)
A Santiago Maldonado y Rafael Nahuel



La operación es doblemente clara: por un lado, reducir la experiencia activa de comunidades mapuches a una organización caracterizada como violenta, terrorista, en medio de un contexto signado por la aprobación de la Ley antiterrorista durante la anterior gestión de gobierno. Por otro lado, propiciar la teoría del buen salvaje: el resto de los mapuches (es decir, aquellos que no participan activamente de una lucha) son mansos, propensos al diálogo y el acuerdo con las fuerzas estatales argentinas. “La estrategia de Garavano consiste en entablar rápidamente una negociación con los mapuches pacíficos para mejorar su calidad de vida. Ya está en Bariloche una delegación del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas), organismo que pertenece a la estructura del Ministerio de Justicia. Esa mesa de diálogo es promovida también por el obispo de Bariloche, monseñor Juan José Chaparro, quien confirmó que la mayoría de la comunidad mapuche es pacífica. La estrategia de Garavano parece consistir en aislar a los violentos. Pero para eso necesita avanzar en la negociación con los mayoritarios mapuches pacíficos”, escribe Joaquín Morales Solá desde las páginas del diario La Nación.

La operación, entonces, consiste también en afirmar una certeza: hay que “comprar” sin matices, (desde los medios hegemónicos de comunicación) la versión oficial del gobierno sobre el asunto (o enlazar de un modo en que cada uno compra la versión del otro, en realidad). Y esa versiones sumarle las voces de las “fuerzas vivas” de la sociedad (en la Patagonia encabezadas por las Cámaras de Comercio y la Sociedad Rural).

Así, toda lucha queda inscripta bajo la lógica terrrorista impuesta por el terrorismo mediático, quien agita la tribuna periodística para que la Justicia no duerma, no relentice el proceso de avance gubernamental acompañado por una buena parte de la sociedad. La reactualización de la teoría de los dos demonios ya se puso en marcha hace un tiempo, pero con la cuestión mapuche se acelera, porque además les resulta más fácil que con otros sectores afirmar que son una “estructura armada”: están en zonas despobladas, alejadas de los centros urbanos, se mueven a caballo, todo da para colocarlos en el lugar de guerrilleros o bandidos rurales, lo mismo da (“Villa Mascardi: un cerro boscoso donde anida la resistencia mapuche”, es otro título de un artículo publicado en el diario de los Mitre). Además, se suma el componente racista y chouvinista (son unos negros de mierda que quieren robar suelo argentino) y el hecho de que, la Patagonia, es “el culo del mundo” (visto desde Buenos Aires).

Pero esto no es todo: así como se reduce lo mapuche a la RAM, ahora comienza el proceso de reducción (y “cocoliche”) de toda expresión disidente al universo simbólico sintetizado en la frase “son los organismos de derechos humanos, la izquierda y el kirchnerismo”.

Como telón de fondo están los 250 casos conflictivos contabilizados por Amnistía Internacional, dentro de los cuales hay que destacar el hecho de que, en la última década y media, el pueblo mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes, tal como remarcó recientemente Darío Aranda (“Qué hay detrás de la campaña antimapuche”), texto en el que afirma: “La recuperación territorial implica mucho más que hectáreas: instala una concepción diferente de la tierra, que interpela el concepto de propiedad individual en busca de rentabilidad y lo suplanta por un espacio de ocupación colectivo, ´territorio ancestral´, imprescindible para el desarrollo como pueblo originario”.

De allí que las 129 sentencias de desalojos suspendidas hasta el momento por la Ley 26.160 (que desde 2006 impide el desalojo de los pueblos originarios de las tierras que habitan) preocupen en demasía a la gestión Cambiemos y la clase que expresa en el gobierno. De allí también que consideren a la cuestión mapuche como la punta de iceberg de un conflicto mucho más agudo, al que consideran una “bomba de tiempo”, y que involucra a las 23 comunidades protegidas por esta ley en Salta, más las 21 de Santiago del Estero, las 19 de Neuquén, las 17 de Jujuy, las 13 de Tucumán, las 11 de Mendoza, las 16 repartidas entre Chubut y Río Negro y las 7 de Formosa, donde habitan mapuches pero también Diaguitas, Calchaquíes, Qoms, Tobas, Quechuas, Tonocotés, Guaycurús, Collas, Wichis, Yogys, Guaraníes, Huarpes y Comechingones.

Contra ellas se erigen con su grito espantado las fuerzas oscuras que golpean a las puertas.

Terrorismo mediático+terrorismo estatal+terrorismo vecinocrático: la santísima trinidad.




LA LUNA CON GATILLO: Una crítica política de la cultura
Jueves de 19 a 20.30 horas en vivo por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar), la radio del Centro Cultural España Córdoba.

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